15 septiembre, 2010

Un puente hacia el desarrollo y la libertad … por Fátima Frieiro

El 14 de septiembre de 1985 está grabado a fuego en el recuerdo de los habitantes de A Illa de Arousa. Ese día se inauguraba una infraestrutura que suponía no sólo el progreso, sino también un nuevo aire de independencia y libertad para las 5.000 personas que dependían de una motora para trasladarse al continente. Desde aquel día los 38 pilares del emblemático puente de A Illa, único en el mundo tanto por su estructura como por su forma, sujetaron las esperanzas de un pueblo que luchó unido por conseguir elementos básicos como la electricidad, el saneamiento y algo más importante que tardaría aún doce años en llegar: la independencia.

Ayer se cumplían 25 años desde que autoridades y vecinos tomaron literalmente el puente para atravesarlo a pie desde la ahora Avenida da Ponte hasta el otro lado, Vilanova. En esta ocasión no hubo paseo, ni corte simbólico de cinta, ni siquiera las típicas protestas de aquellos que en su día se mostraron críticos con la contrucción. Los isleños se reunieron ayer en el Concello en un acto muy institucional y, al mismo tiempo, familiar. Lo hicieron para recordar lo que fue sin duda un momento histórico y, sobre todo, para aplaudir a aquellos políticos y ciudadanos que en su día fueron fundamentales para la conexión de A Illa con el resto del mundo.

Y es que A Illa no sería hoy uno de los municipios más importantes a nivel económico y turístico de la comarca de O Salnés sin figuras clave como el ex alcalde (en aquel entonces aún de Vilanova), Sito Vázquez, o figuras como los diputados de la UCD en Madrid, José Antonio Gago y Jesús Sánchez Rof….

Lo cierto es que la peculiar idiosincrasia de los isleños incluye entre otras virtudes el agradecimiento, el apoyo y el trabajo en equipo. La Comisión Pro Puente del 79 jugó un papel fundamental en negociaciones durísimas ante los políticos en una época de transición en la que las arcas del Estado no gozaban precisamente de bonanza económica.

Gago y Sancho Rof, el primero fallecido hace unos años, defendieron en Madrid la importancia de crear un puente único en el que se invirtieron varios millones de pesetas. Trabas administrativas aparte, el puente era una realidad en el 85 transformando al cien por cien un municipio en el que muchos de los habitantes consideraban que el mundo se acababa en O Bao.

Esfuerzo colecti vo > La historia tiene esas cosas que hacen que lo que parecen pequeños acontecimientos puedan convertirse en partes fundamentales del devenir de todo un pueblo. El puente trajo para A Illa una potentísima industria conservera, así como un turismo que puede presumir de ser uno de los más atractivos de la ría. Aparte, incrementó la seguridad sanitaria y también mejoró considerablemente la educación para los jóvenes que carecían de oportunidades en los siete kilómetros cuadrados de este islote arousano.

Fue precisamente ayer cuando se pusieron sobre la mesa todas esas pequeñas anécdotas que los que lucharon por el puente hace 25 años han conseguido trasmitir día a día a las generaciones futuras. Ayer se olvidaron viejas rencillas pasadas y también los colores políticos. En la misma mesa se sentaron el alcalde, Manuel Vázquez, el delegado del gobierno, Antón Louro, y otras figuras claves en la historia isleña como el ex presidente de la Xunta de Galicia, Gerardo Fernández Albor. Con sus 93 años arrancó varias veces el aplauso de los presentes con arengas como “este puente es una muestra clara y evidente de que juntos podemos conseguir el progreso no sólo de A Illa, sino también de Galicia”.

Su discurso emotivo cuajó a la perfección con la de otros como el delegado provincial de la Xunta en Pontevedra, José Manuel Cores Tourís, que consiguió una simbiosis con el público recordando que “eu mesmo acudía aquí a traballar na motora e tamén me lembro de que os árbitros que viñan a pitar ao Salvador Otero tiñan que saber nadar, por se acaso”.

Antón Louro destacó que el futuro de A Illa comenzó con la construcción del puente, mientras que el alcalde apeló a documentos oficiales para justificar la necesidad de un puente que hoy en día ya nadie cuestiona.

Y es que ahora, 25 años después, pocos pueden imaginarse ya un futuro sin el principal cordón umbilical de la ría de Arousa. Las anécdotas de los políticos que ayer oficiaban el aniversario de esta importante infraestructura no son más que pequeños flecos de las miles de historias que descansan en los recuerdos de muchas generaciones de isleños. Algunos aún recuerdan la llegada del primer coche o las decenas de embarazadas que intentaban aguantar para evitar tener que dar a luz a bordo de la motora.

La apertura del puente no sólo significó la apertura al continente, sino también una libertad que no influyó, no obstante, en el especial sentir de un pueblo que siguió luchando hasta conseguir su independencia.

Lejos quedan ya aquellos prejuicios que allá por el año 1836 arrebataron a este bonito enclave arousano la seña de ayuntamiento propio al considerar que sus marineros no estaban capacitados para gobernarse y regirse a sí mismos.

Fue esta misma gente del mar la que siglos después luchó por construír el puente, el primer paso de una carrera que sólo acababa de empezar. Y es que A Illa es un ejemplo claro de pueblo hecho a sí mismo, de lucha constante y, sobre todo, de esfuerzo máximo a la hora de conseguir el desarollo y la libertad.

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