3 diciembre, 2010

Conferencias desde el cielo (2ª parte) … por Carlos Pereira “Charlie”

Hola a todos! Con la debida autorización de la familia Rojas, hoy publicamos la segunda parte del sentido homenaje que desde esta página web, hemos querido tributar a la memoria de D. Francisco Rojas, cariñosamente conocido por todos como Señor Pancho. Nuestro amigo Carlos Pereira, que tan desinteresadamente accedió a nuestra petición para realizar este emotivo trabajo, nos da a conocer  la entrañable “conferencia telefónica” que mantuvo con el Señor Pancho, justo días antes de cumplirse el vigésimo segundo aniversario de su fallecimiento. No sabemos si ha sido casualidad o no del destino, pero el contenido de la conversación bien merece ser conocida por todos. En la misma, podemos reconocer al entrañable Señor Pancho de siempre, en estado puro. Amigable, cariñoso, campechano, abierto y preocupado por su gente, exactamente igual como lo recordamos todos justo antes de que nos dejara allá por el 1 de diciembre de 1988.

Estando trabajando en los últimos retoques del borrador sobre el pequeño homenaje que le tributamos con todo cariño a D. Francisco Rojas, el Señor Pancho, me sentí tan cansado, por el día que había tenido, que decidí echarme un poco en el sofá del salón. Y nada más cerrar los ojos me quedé dormido. Al poco rato me pareció oir en sueños el sonido de un teléfono. Un sonido lejano que parecía augurar lo que antiguamente se conocía como una “conferencia”. Una comunicación como las mantenidas a gran distancia entre familiares o amigos, donde las voces, sonaban lejanas en medio de un ruido permanente. Una “conferencia” con un lugar lejano, muy lejano.

Creo que empezó así…

Carlos Pereira: Hola, buenas noches, ¿hola?

Señor Pancho: ¿Sí? ¿diga?

C.P.: ¿Con quien hablo?

F.R.: Señor Pancho, al aparato. ¿Si?

C.P.: Señor Pancho, ¿es usted?

F.R.: Siii.

C.P.: Madre mía! No me lo puedo creer. Encantado de conocerle señor.

F.R.: ¿Que tal hijo?

C.P.: Bueno, pues aquí preparándole unas emotivas letras que me han pedido para recordarle en un día tan especial para su familia. El 1 de diciembre, ya sabe.

F.R.: Ah! Sí, claro.

C.P.: Me siento muy halagado Señor Pancho, que me hubiesen elegido a mí. ¡Hala que no hay gente en A Illa competente para escribir unas palabras en su honor!

S.P.: Bueno Carliños, seguro que tú también lo harás muy bien.

C.P.: Espero estar a la altura. Usted no merece menos, señor.

S.P.: No te preocupes hombre. Y dime, ¿que tal las cosas por A Illa?

C.P.: Uy, desde que usted se ha marchado, ha habido bastantes cambios, ¿sabe?

S.P.: ¿Ah sí?

C.P.: Si ¿Sabe que por fin, ya es un concello independiente?

F.R.: Bueeeeno. Eso está muy bien.

C.P.: Estos últimos años se han estado haciendo muchas cosas. Por ejemplo, sin ir más lejos, se han reasfaltado muchas calles y reorganizado el tráfico urbano, porque claro, con tanto coche ahora… ya me dirá. También están con el puente, a punto de acabar la reforma. Lo han ampliado un poquito más, para dar cabida al carril bici, ¿sabe? Para que los vecinos puedan pasear con más seguridad en bicicleta… Por otra parte, el local que albergó la fábrica de conservas de Goday, donde había trabajado usted, ¿recuerda?, es hoy un precioso museo dedicado a la conserva.

F.R.: ¿Ah si? Debe de haber quedado muy bonito.

C.P.: Si, sí, y que lo diga.

F.R.: Y dime, ¿Que tal las comunicaciones? Supongo que también habrán progresado mucho, ¿no?

C.P.: ¡Uy! Pues sí. Tanto ha avanzado que ahora la gente en vez de llamarse por teléfono, como hacía en su tiempo, se envía sms y chatean en la red.

F.R.: ¿Sms? ¿Chatear en que red? ¿De pesca?

C.P.: Noo! Ja,ja, se le llama así Señor Pancho a las comunicaciones que hoy en día mantiene la gente, en un espacio virtual al que llaman Internet. Por cierto, hace casi seis años se creó una página web de A Illa de Arousa, donde se cuentan muchas cosas del pueblo. Incluso, la gente desde su casa puede ver A Illa, como por una ventanita mágica, ¿sabe? Eso se consigue utilizando algo que llaman ordenador que es lo que se emplea para las comunicaciones de hoy en día.

F.R.: ¡Anda, mira que bien!

C.P.: Sí, resulta muy cómodo. Ahora es lo que está de moda. Pero bah!, no haga caso. Son tonterías de la vida moderna. Y bueno, aunque en general hemos avanzado mucho en algunas cosas, también hemos perdido en otras. Yo creo que se ha perdido el calor humano que tenían antes las conversaciones telefónicas. Aquello sí que era hablar. Y los teléfonos, ya no son lo que eran, ¿sabe Señor Pancho?

F.R.: ¿Ah no?

C.P.: No, no, que va, ya les gustaría. Ahora los fabrican sin cables, y la gente anda por toda la casa hablando como si nada.

F.R.: ¡Arre carallo! ¡Que adelantos!

C.P.: Sí bueno, je,je, hay que reconocer que la tecnología actual ha mejorado muchísimo la calidad de vida de las personas, pero pienso modestamente, que se han perdido otras cosas por el camino.

F.R.: Y que lo digas chico.

C.P.: De hecho, ahora ya no hace falta estar en casa, esperando esa llamada tan ansiada. Hoy en día, uno puede salir a la calle y recibir sus llamadas en su móvil.

F.R.: ¿En un móvil?

C.P.: Sí, es como se les llama ahora a los teléfonos portátiles. Son más pequeños y ligeros que los de su época, ¿sabe señor? Incluso, pueden hacer muchas más cosas que poder hablar. También hacen fotos, envían mensajes multimedia…

F.R.: ¿Mensajes qué?

C.P.: ¡Bah! Nada, tonterías de la vida moderna Señor Pancho.

F.R.: Anda, pues sí que han cambiado los teléfonos. Sin embargo, yo me sigo quedando con mi centralita. No te imaginas lo gratificante que resultaba poner a la gente en contacto.

C.P.: ¡Uy! Y que lo diga Señor Pancho. Y sobre todo lo bonitos que eran entonces. Yo recuerdo un teléfono que tenían mis abuelos. Por su forma, debía ser de los años 50. Era de baquelita y negro como casi todos los que se fabricaban entonces. Pero que bien sonaba. Tenía un timbre largo y precioso. No molestaba para nada ¡y se oía genial! Riiiiiiiiiiinnnnnnngggg.

F.R.: Claro que sí hombre! En mi época llegó a haber 98 teléfonos en la Isla antes de automatizarse todo el servicio. Pero llevar el mantenimiento del generador, cuando todavía no había luz eléctrica, resultaba incluso hasta divertido. Uno se sentía necesario. A mí me encantaba mucho hacer ese trabajo. ¡Como echo de menos mi centralita! ¿Sabes? Funcionaba a 125 voltios y alguna vez me soltaba un calambrazo. Pero no me importaba. Eran cosas del oficio. Cuando se estropeaba la arreglaba yo mismo. Incluso los relojes despertadores de muchos vecinos.

C.P.: ¡Atiza Señor Pancho! ¡Era usted todo un manitas! Señor Pancho, ¿está usted ahí?

Unos segundos de silencio…

F.R.: Si hijo, aquí estoy. Aproveché un momento para fumar un Celta. Pero tengo que hacerlo con cuidado porque, aquí en el cielo, no nos está permitido disfrutar de los placeres terrenales.

C.P.: ¡Vaya! Pues veo que ahí también tienen las mismas limitaciones que en la Tierra. A este paso, ya no nos van a dejar fumar ni en la calle. Y con la crisis económica que llevamos años padeciendo, no vea la de medidas y restricciones económicas que nos han impuesto por decreto.

F.R.: ¡Arre carallo, con tanta prohibición! Bueno y dime Carliños, ahora que estáis casi en invierno, pasaréis frío, ¿no?

C.P.: Ufff, ni se imagina. Y usted ya sabe como zumba el “vento do alto” cuando llega a la Isla…

F.R.: Sí hijo, ¡como no lo voy a saber! Pero bueno yo siempre tenía una cita mía que no faltaba para estas situaciones. ¿Sabes cual era?

C.P.: No señor.

F.R.: Si quieres vivir fuerte y sano, usa la misma ropa en invierno que en verano. Lo que tapa el frío tapa el calor. ¿A que no la sabías?

C.P.: Pues no Señor Pancho, ja,ja. ¡Caray! No sabía ese truco. Aunque le voy a decir una cosa, yo el calor lo llevo muy mal y si tengo que andar igual de abrigado… hombre no sé, me moriría de calor.

F.R.: Nada hombre, verás que funciona… Por cierto, ¿de que estábamos hablando antes de fumar el cigarrillo?

C.P.: Sí, me estaba usted comentando lo de su trabajo al frente de la telefónica, allá por los años 60.

F.R.: ¡Ah si!, Bueno pues como te decía, fue un trabajo muy gratificante. Sin embargo, a principios de los 70, al empezar los primeros achaques de salud, me ví en la obligación de retirarme. Aunque claro, eso me permitió disfrutar mucho más de mi familia, estar más con los vecinos…esas cosas. Los juegos de naipes me encantaban. ¿Sabes que era capaz de hacer solitarios usando los naipes de dos barajas?

C.P.: ¿Cómo? ¡Diantre Señor Pancho! Usted era bueno hasta con la baraja. ¡Qué bárbaro!

F.R.: Sí fillo, fueron momentos muy gratos. Pero volviendo a la familia, he podido ver desde aquí arriba que ha crecido y mucho. ¡Cuantos bisnietos tengo ya!

C.P.: ¿Puede verlos?

F.R.: Si hombre. Veo un chicarrón muy fuerte, ¿Quién es?

C.P.: Debe ser Eloy, el hijo de Ana y Paco. También está María su hermana. Luego Ramón, su nieto el que está en la Isla, tiene a Daniel y Sara. Y la hija de Carmen, la nieta que está en Carballino, se llama Espe. Bueno Esperanza. Pero todos le llaman Espe.

F.R.: Sí. A neniña pequena. Mira que riquiña é.

C.P.: Sí, desde luego. Se parece mucho a su madre. ¿A que sí? Y al resto de la familia ya los conoce. Por cierto, ¿Señor Pancho?

F.R.: Dime Carliños…

C.P.: Cuando dice que puede verlos desde arriba, ¿quiere usted decir que puede verlo todo? Pero, ¿todo, todo?

F.R.: Sí hijo. Y también cosas que no queremos ver. Cosas que a veces nos hacen llorar.

C.P.: Vaya…

F.R.: Tú cuando eras pequeñito, ¿no te decían tus papás que te portaras bien, porque sino los Reyes Magos, que estaban en el cielo viéndote por un agujerito, no te traían nada?

C.P.: Sí, ¡desde luego que me acuerdo! Me lo decía mucho mi abuela.

F.R.: Bueeeeno. Pues realmente, somos nosotros, los que les decimos a los Reyes, los niños que se portan bien y los que no. Pero, ¿sabes? Yo siempre les digo que todos se portan bien. No hay cosa más linda que ver las caras de los pequeños cuando juegan con sus juguetes el día de Reyes. Son como santiños. Os nenos teñen que xogar, ¡que carallo!

C.P.: Sí, ja,ja, ja! y que lo diga. Le entiendo perfectamente. Bueno Señor Pancho, muy a mi pesar tengo que dejarle, porque sino esta conferencia va a salir bastante cara. Pero que sepa que he disfrutado un montón hablando con usted.

S.P.: No te preocupes Carlitos. Yo también me lo pasé genial hablando contigo, hijo. Hace ya muchos años que no lo hago y la verdad lo echaba en falta. Muchas gracias por llamarme y por acordaros de mí.

C.P.: Ha sido un gran honor haberle conocido señor. ¡Mi madre, cuando lo cuente aquí abajo no se lo van a creer!

S.P.: ¿Si? ¡Ja, ja! bueno no te preocupes. Tranquilo, ya verás como sí. Con un poquito de fe, ya verás como la gente te cree. Por cierto, saluda a toda mi familia, de mi parte ¡Que nenos tan guapos! Diles que sean bueniños, ¿si?

C.P.: Descuide, lo haré. Por cierto, Señor Pancho, ¿me permite una última cosa?

F.R.: Claro que sí, hijo. Dime…

C.P.: Mándele un beso muy grande a mis abuelitos. Y dígales que les echo mucho de menos.

F.R.: No te preocupes. Es más, hace un ratito he estado con ellos. Y te mandan otro besito para tu pequeño.

C.P.: Bueno Señor Pancho, me ha alegrado enormemente verlo con tan buen aspecto. Cuídese mucho señor.

F.R.: Lo mismo te deseo guapo.

C.P.: ¡Hasta siempre Señor Pancho!

F.R.: Adiós Carliños.

Cuando me desperté, no cabía en mí de la alegría. Lo primero que pensé fue en contárselo a su familia, porque seguro que se alegrarían muchísimo por saber de él. Y supongo que sería la misma alegría que se llevaba mucha gente, cuando, antaño, en conferencias telefónicas, hablaban con sus seres queridos, escuchándolos a través de un sonido muy lejano, débil, casi imperceptible, y con un ruido de fondo de acompañamiento, a veces fijo, a veces intermitente… como si estuvieran hablando con el Cielo.

Señor Pancho, siempre en la memoria.

Conferencias desde el cielo 1ª parte … por Carlos Pereira “Charlie”

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